Un volcán que erupciona como un reloj, una vez cada 90 años. Así lo ha hecho en los últimos 1300 años.
Un volcán que erupciona como un reloj, una vez cada 90 años. Así lo ha hecho en los últimos 1300 años.
La naturaleza, así, poco alterada, es una GRAN fuente de recursos. Explícaselo a los empresarios constructores y muchos turísticos, que no lo entienden… Torpecitos son, madre mía… Nos han metido en una crisis, nos han jodido las costas y ahora nos dicen qué hay que hacer para salir del fango al que nos empujaron… Yo sé la solución… Que se callen…
En otra vida querría una profesión que me llevara a conocer paisajes como este…
Las biomoléculas debieron formarse en el agua. Pero quizá no todas en el agua del mar. Quizá algunas en gotas de agua en el aire que rodeó a un volcán…
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Eruption of the Cordon del Caulle. (© Ricardo Mohr) (via National Geographic Photo Contest 2011 - Alan Taylor - In Focus - The Atlantic)
Mid-Atlantic Ridge in Iceland - Earth Science Picture of the Day
Gente paseando por el límite entre las placas norteamericana y euroasiática.
El secretario general de la Organización Mundial del Turismo OMT , Taleb Rifai, ha estimado hoy que la nube de ceniza y las situaciones provocadas por el volcán islandés han provocado unas pérdidas para el sector turístico en Europa que rondan los 2.300 millones de dólares unos 1.700 millones de euros . Las pérdidas diarias rondan los 400 millones de dólares 300,4 millones de euros , una magnitud a la que falta por añadir los efectos del fenómeno fuera de Europa.

La velocidad a la que vuela el avión unos 900 kilómetros por hora en crucero y el tamaño, en ocasiones diminuto, de las partículas de feldespato, cuarzo y otros minerales hace que el pulido sea intenso en las superficies del avión. La ceniza tapa los sensores que proporcionan información a los sistemas del avión. Además, el dióxido de azufre en la nube absorbe vapor de agua y se convierte en ácido sulfúrico, que corroe las superficies y crea microgrietas.
Lo más peligroso es el daño a los motores. Por un lado, la erosión en las palas del compresor reduce la eficiencia, y por otro la ceniza se funde con el calor de la cámara de combustión, formando una sustancia como el cristal, fundido o incluso sólido. Eso bloquea el flujo de aire, el motor se inflama y se cala.
Los pilotos pueden no darse cuenta de que están entrando en una nube de ceniza: no siempre se aprecia a simple vista (y menos de noche) y además los radares de a bordo no detectan partículas tan pequeñas. Las señales más habituales de que el avión se halla en una nube volcánica son el humo o polvo en la cabina, olor a azufre, luces brillantes en los bordes de los motores o la aparición del fuego de San Telmo (un resplandor de origen eléctrico) frente al cristal.
