A día de hoy da toda la sensación de que España tendrá que pedir el rescate. El gobierno alemán, que para entonces ya se habrá cobrado una pieza mayor y podrá presentarse a la reelección con el crédito de su ortodoxia redoblado.
Las razones para este resultado que hace unos meses se antojaba imposible, serán fundamentalmente políticas (…).
En particular, Rajoy ha cometido tres fallos cruciales. Primero, él y sus barones (con Cospedal a la cabeza) se dedicaron a propagar una falsa imagen de quiebra autonómica que aún no estaba en la agenda europea. Al hablar de cajones llenos de facturas impagadas lograron asustar a los acreedores de las CCAA y al final la falsa profecía se ha terminado cumpliendo porque ninguna entidad ha querido refinanciarles unas deudas con las que en un contexto más tranquilo no habrían tenido mayor problema.
Segundo, Rajoy se equivocó al torear a sus socios europeos, comprometiéndose en privado a unas cosas y vendiendo políticamente otras en ruedas de prensa posteriores. Los bailes en los objetivos de déficit y los eufemismos con el rescate bancario terminaron de romper el beneplácito internacional con el que contaba de inicio.
En tercer lugar, Rajoy no ha sabido generarse aliados: al fallar a Merkel en primera instancia, sólo le quedó recurrir a un Hollande con el que no tienen nada que ver. Monti es en realidad un compañero tan fiable como puede serlo un equipo italiano en los minutos de descuento: al final forzará un penalti para salvarse y pasar a la siguiente ronda.